lunes, 1 de febrero de 2010
la ulcera fantasma, el hombre fantasma
Ya iban tres semanas, y podría jurar que eso era una ulcera. Mañosa y revoltosa, cuando me daba la vuelta ya tenía entre manos un trocito de mi y empezaba a quemarlo lentamente, sin piedad. Me fui a presentar al consultorio y después de un poco de esto y de esto otro estaba ya finalmente en esa gloriosa camilla. Esta mañana ya no dolía, pero la historia hasta ahora no había fallado, y me daba mas de mil quinientas razones para creer que dentro de unas horas mi archienemigo volvería a forrarme en gemidos ahogados. Mirando hacía arriba como los cuadrados en el techo se sucedían aparecí pronto en el cuarto numero 32, endoscopía. Esto sabe mal, me dijo la asistente, pero tienes que aguantártelo, haz unas gárgaras y luego traga, sabía mal, ¿viste? Te dije que estaba malo, pero ya pasó. Después de empujar los contenidos de dos jeringas dentro de mi brazo derecho me dijo que me marearía un poco, pero que no había nada de que preocuparse. Dos segundos después me sorprendía de lo rápido que esa droga había llegado a mi cerebro, dos segundos después de eso ya no recuerdo que es lo que sucedió. Desperté en otra habitación con una doctora amiga diciéndome que no era nada, y que esto y que lo otro, un montón de cosas que pronto olvidé, me dormí. El punto es que no tenía nada, solo una gastritis ligera. Será que estaba en mi mente, será que estaba comiendo mal. La verdad es que hoy estuve de maravillas, salvo un pellizco que la ulcera fantasma vino a propinarme cada ciertos momentos, pero me siento vivo. Y eso es lo lindo de todo esto, del dolor, el no sentirlo. El objeto de esta nota era realmente escribir una poética reflexión sobre el dolor, pero ya se me fue. En resumen, digamos que este es la ausencia de vitalidad, la vitalidad es nuestra capacidad de pertenecer por completo a este momento y lugar, es poder disfrutarlo, es ser feliz. Sumidos en dolor no somos nosotros, somos quienes no somos encorazanado nuestro verdadero ser, desesperado por salir. Lo fructífero es, que así recordamos cuanto extrañamos estar vivos. Me estuvo recordando, por lo menos a mi, que chacharear y chacharear no es mas que un montón de cháchara, no es jazz, no es frisbee, no es un triple en básquetbol ni una linda tarde con amigos o una chica hermosa, no es un libro, en resumen, no es vida, es solo chachara.
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