jueves, 28 de octubre de 2010

nos encontramos arriba

Apretaste mi mano y, sonriendo de lado a lado, me miraste, parpadeaste y me dijiste: "Nos vemos más arriba"; todo en cámara lenta.
Como si fuese casual, te apartaste con lentitud despreocupada, cargando tus pertrechos y láminas de los montes aledaños; lejanos para los otros con quienes te encontrarías.
Diste una docena de pasos y te volviste a saludar. Yo no respondí. Me limité a asentir un poco paralizado con el frío, un poco por la ausencia de tiempo en ese momento, ingrávido, muy asustado por lo que vendría después: tendría que viajar sin tu compañia.
Tragué saliva y me aventuré a apartar la vista de tu figura ya asiluetada. Me agaché temblando, pero intentaba contenerme, mis manos no eran precisas mientras intentaba arreglar mi propio equipaje; mis prendas, herramientas y propias láminas de casa, los montes que nos rodearon.
No tardé en ceder ante mis ansias, y volteé mi cabeza hacia donde pensé que estarías, pero el contorno del horizonte ya te había disuelto por completo. Una linea muy fina en el paisaje bullía por sobre la superficie de la tierra, el calor comenzaba a derretir la nieve.
Tomé una bocanada profunda de aire, cubrí mis ojos y conté hasta 3. Conté hasta 5, hasta 10. Conté hasta que me faltó el aire, y entonces volví a respirar.
El cielo, ahora, cubría todo como un manto oscuro, y el paisaje, el sendero que me conectaba con la cima, se alzaba distinto; más o menos difuso. Mi vista, entre tanto, recién se comenzaba a secar.

miércoles, 6 de octubre de 2010

el hombre angustia

El hombre-angustia se levanta temprano, cuando los pájaros cantan, pero parecen llorar.
El hombre-angustia se ducha de mal humor, la brisa, que le llega del agua fría calentándose con lentitud, lo atormenta. Desnudo le cuesta soportar el desvarío de temperatura, el día afuera entume hasta los edificios.
El hombre-angustia desayuna con hastío, olvida comprar pan cada día anterior a su mañana fatídica, y se prepara un huevo revuelto con sal, que sabe a mierda.
El hombre-angustia se viste con ropa que hiede a humedad. Húmedas prendas rosan su cuero áspero y lo erosionan endureciéndolo aún más.
El hombre-angustia sale de su casa, toma sus pertenencias y se larga de ahí. Angustiado camina buscando angustia. Angustia es todo lo que conoce. Así, angustia, el hombre-angustia, es todo lo que ve.

martes, 5 de octubre de 2010

en tercera

Se me ocurrió que sería un buen ejercicio (tomé la idea prestada).
Me senté, como todos los días, vagando la vista de aqui para allá, pinceleando sin pintura sobre cada pixel brillante. Después me encontré con unas descripciones impresionantes, reflejantes de las mías propias en potencia, y las leí. Me ensalsaron tanto que pensé -se me ocurrió, como dije: robé-, una exelente idea. Crearía este personaje, le pondría nombre, un sombrero, una cabellera ad-hoc, le daría el caracter ideal de un soñador, la claridad idéntica del idealista, la coherencia y pies talla 45 propios del realista (de yapa sería atleta) y, por supuesto, las alas de una gaviota. Lo llamaría Salvador. Ignoraría los clichés, haría así, tal y como si fuese cierto, que nada antes fue creado, que soy yo, el novelista empedernido, creador de historias imposibles y perfectas, quien, dueño de toda originalidad, propietario de mis propias licencias para inventar retratos y caoses majestuosos, haría de todo lo escrito realidad, me comería mi propio pastel. Después, me encontraría conmigo mismo.
Me senté y me puse a escribir. Maquillé el espacio. Ordene los elementos. Contuve mis deseos de salir corriendo por la ventana (del noveno piso). Y empecé.