martes, 18 de mayo de 2010

levántate pluma, que se nos va a olvidar que vivimos

Es en parte el letargo el culpable de todo esto, luego todo lo demás es el afán de ser natural (afán, afán, ese que muchas veces me ayuda a disfrazarme). ¿Pero dónde fue que nos quedamos? Vivía en el pequeño gran remolino (pequeño por fuera, gigantesco y devastador, increíblemente fabuloso por dentro) que se estaba llevando a pedazos las costras; otrora dejando espacio a las hojas en blanco con crayones al lado, todo listo para volver a dibujar. Vamos a redibujarnos, reinventarnos, pero hagámoslo con locura. ¿Porque sino, cómo?. Hay cosas aún flotando en el aire, fatídicas esperando su tiempo para bajar. Pero tranquilas ahí, ustedes, que ya les va a tocar. Todo a su tiempo. Voy paso a paso descubriendo el camino de vuelta y el otro que me va a dejar en mi nuevo hogar lejos de los recuerdos maltratados, abusados mejor, que quizá ahora traumados buscan golpear. No más. Esta belleza ya les ganó. No a las vidas pasadas, no, no, esta vida le ganó a las fotografías. Nervioso antes del concierto ahora en plena presentación me empiezo a sentir cómodo otra vez entre mis propias ropas, por otra parte mis manos vuelven a saber qué es crear. ¿Y qué es crear? Es, entre otras cosas, tú, tú y tú, las cuerdas viejas, acordes destronados (sí, ellos duelen, pero alejados están para hacerle reverencia a la pluma), una pluma levantada, el aprender a enamorarse (quince veces si es necesario), el aprender a aprender, enseñar a hacerlo, construir un mundo a partir de voces distintas y unas que otras pocas elocuentes, querer creer que qué importa si no, fabricar una casa, la mía, pero la de ellos también, ser partícipe de este hermoso monumento a nuestro modo de ser, y revolcarme en eso hasta empaparme y empezar a reirme junto a todos los demás, reir y reir, reirme hasta callar.

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