domingo, 23 de mayo de 2010

vértigo

No eres tú, es él. Tampoco vienes después, cosas indican que ni siquiera formas parte del mapa. Te caes. Ese armazón de almidón se quiebra ruidoso y ahí, en caída libre por un microsegundo te envuelves en vértigo y ves que tienes que ver mucho, que aún queda mucho por ver.
Ay, eso de calmar el miedo borroso; digo, las ansias, el hastío, la inquietud, dándote vueltas y levantando frasquitos de especias, comprando idioteces para llenar tu casa y no tu mundo de artefactos que no aman, no respiran, no comparten y no existen, pero que son de colores. Colores, con eso suele bastar para los ojos.
Tanto fuego y para nada. Hoy no quemas.
¿No quemas?
Yo no sé. Pero se que quisiera sentirte.
¿Es así?
Sí.
Pero tampoco conozco otra cosa. No hoy.
Las palabras ahora llueven, y la misión consiste en mojarse, ¿por qué? Porque el agua es vida.
El agua es vida.
¿El agua es vida?

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