Perdí la cuenta hace meses. Pienso hoy que no vale la pena vivir con miedo, no podemos hacerlo. Es una injusticia para con nuestros espíritus. Más nos vale morir en un acantilado que en una silla de ruedas, se me ocurre.
-- Grietas.
Quizá nunca me daré cuenta que todo este tiempo he sido un ente cautivo. Que he estado rasguñando y golpeando las paredes, erosionando la cáscara de metal y costras que me tiene prisionero. La persona que está dentro de mi patalea y gruñe, grita y se da vueltas. Sé que quiere hablar. Sé que tiene cosas que decir. De las cosas que siente, que teme, que ama, que sueña, de las historias que desea inventar, de las utopías que manifestar. Las palabras se escapan como agua. Son tímidas. Y el silencio es eterno. Grietas. Grietas. De alguna grieta habrá de salir una ramita que vaya a ser la plata que se eleve hasta el cielo, y allí escaparé hacia el olimpo para cantar la canción. Voz muteada, no te canses de cantar, que la melodía dibuja escaras hermosas en el aire, que podremos tocar. Cuando las manos se deshagan de los callos, y se hagan hilos para tejer.
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