viernes, 5 de agosto de 2011
ramble rambling ramble
La página en blanco (la ventana sin pixeles) me da pánico escénico. Quizá nunca debiese haber revelado al mundo (a lo que está fuera de la piel, de lo que se habla y otros escuchan) que quería dedicarme a escribir cosas, tonteras, novelas, poemas, ser un intelectualoide de chaleco. Todo lo que construyen las palabras, las palabras se encargan de destruir. Encapsulan para tocar y sentir, hasta que asfixian. Son, de cierto modo, un sólo momento y ya, un relámpago, un chillido instantáneo, espontaneo, son como esa masa que se deshace entre los dedos, como bolas de aire. El invierno hace sentir un vértigo extraño. ¿Será la presión por abrir la interioridad que el exterior hostil impone? The year of the classics. The Beatles, Star Wars, Queen, Nietzsche, Heidegger, el cigarro, el vino, Fito Paez, muchos más faltan. Como abrir el pecho y sacar el alma. Tu cara de tortuguita triste me despedaza, y me hace amarte aún más. El arroz con atún y mayonesa cara. La sequía de palabras. Los sueños en potencial hibernación -el miedo. La realidad que se esconde (el niño que juega a esconder la realidad bajo las mesas de canapé), aquello que no se ve, pero que se siente. ¿Y qué más? Planeo hace un diccionario de las mejores palabras; oceánico, desparramar, desmenuzar, deshacer, hay muchas más que hay que agregar. El cambio social. El todo y la nada. [...] (me malacostumbro a dejar las cosas a medias, pero no se cómo continuar).
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