Tu nombre se va deslizando con calma entre mis cavidades, rodando por colinas serpenteantes, hasta llegar al suelo donde habito junto a la colección de mis descansos. Te cuelas tan discreta, tan traviesa, con tal transparencia te plantas al centro de mis imágenes que te fundes con todo lo demás. Pero al mismo tiempo te distingues del resto.
Portas tu luminosidad sin saberlo, ahuyentas males con tu aroma tranquilizante. Y yo, ajeno a tus anhelos, me desparramo sobre ideas confundidas, fundadas en atisbos errados o señales centelleantes, que me dicen que eres un ángel que ha venido a mi encuentro.
Y vienes a asesinarme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario