martes, 27 de mayo de 2014

lejos, allá en Dinamarca

Las impresiones estáticas son mudas e inertes ante tu vista atravesando el océano. El peso del tiempo se interpone como una muralla de historias dividas, castillos creados en medio de la nada, viajes tomados hacia el fin del mundo, familias sembradas en tierras distintas. Pero tu voz es lo suficientemente especial como para seguir haciendo eco dentro de mis cavidades. Maldigo al universo por ponernos al filo del precipicio siendo tan jóvenes, maldigo a mis manos por su ineptitud, a mi mente por su inconstancia. Pero toda maldición lo es porque no ha sido resuelta. ¿Será este un epílogo eterno, o la parte en que el héroe pierde su rumbo? ¿Será, entonces, esta vida suficiente para llenar el vacío que se interpuso mientras dormíamos despiertos?

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