El mundo se cambió de piel y es ahora una serpiente reluciente y elegante, que se enrolla gustosa por las ramas de los arboles, atando lazos desatados por el tiempo. El mundo ahora camina con las piernas y no ya con sus anhelos, se encarama por las piedras más elevadas en busca de viento inspirador, cogiendo a bocanadas el sabio elixir que lo mantiene vivo. El mundo es hoy brillante y colorido, poblado por las más intrigantes criaturas, antes fieras ajenas y hoy fieles compañeras.
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