domingo, 12 de abril de 2015

No Surrender

Los grillos cantan constantes, cubriendo el semisuelo con un manto transparente de vibraciones resonantes a rangos ultrasónicos, entibiando el entorno, dándole sus pulsaciones vitales a la majestuosidad del paisaje. Un halo de viento fresco se pasea por entre los árboles dormidos, rosando los troncos afilando pequeños silbidos ligeramente graves. El pasto se agita satisfecho, y el poblado celebra la llegada de la nueva aurora, desde el lugar en que nace: lejos, cruzando el horizonte. El cielo gira en calma, y las estrellas parecen perforaciones explosivas en la corteza del manto que cubre la vista hacia lo supremo, pequeñas rendijas, que danzan patrones hipnotizantes. Fueron siglos de estar dormido, siglos antes de que las ondas polares me volviesen a despertar.

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