domingo, 4 de julio de 2010

impresiones frescas sobre alcanzar(te)

Con las manos atadas, un par de expresiones restantes para disparar y la esperanza de una buena puntería.
Un vaivén de razones lógicas y arrollos sin freno de emociones convulsionadas, convulsionantes.
La sensación de insuficiencia. Falsa, falsa, falsa, falsa, falsa.
Pero aún así te creo.
Y si mi forma fuese distinta, si suavizase mi intelecto y mis cuerdas vocales, si estuviera allí y no acá. Y si no fuera yo.
Una pequeña paradoja.
Insignificante.
Pero sólo por pretender, porque la verdad es que puedes empañarlo todo.
Una ganas interminables de conseguirlo.
Por saber.
Por cerrar la brecha.
Callar el anhelo.
Idiotizarse.
Amarte.
Despertar.

domingo, 27 de junio de 2010

this moment's soundtrack: Eskimo, y el velo transparente

Porque Damien hable de la inspiración en una frase se me ocurre que quizá pueda alcanzarla. Entre ruidos de televisión y la cocina andando, mucha gente en la casa es a veces demasiado. More often than not, really. But that's me now. Busco la tranquilidad en silencio. Busco la tranquilidad en el silencio.

¿Estás?

Bueno, aquí estoy yo. La puerta la dejo abierta, solo empújala y dame un empujoncito a mí también, así sé que llegaste.

Luego, nos desparramaremos.

sábado, 19 de junio de 2010

BERKLEE Reloaded, limadas las asperezas.

[edit] Varios meses después.
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Y el perico, por cierto, voló. Voló, y se unió a las palomas.

al perico sentado en la baranda

Grita que grita, el perico se para ahí buscando compañía. ¿O se para sólo por pararse? Tan simple él, ¿será que no le importa?

miércoles, 16 de junio de 2010

popurrí mundialero de las 84 estaciones, motivos para celebrar

Primero que todo: nada.
Luego de nada, un árbol en pelotas.
Que se desperfuma al viento, se desnuda ante ti.
Y ante mí.
Y porque eso, tal perfección tan inmensa, es solamente mía.
Y con eso basta.

Las voces mezcladas de amistades que están -tan tan
¿Están? Sí están, aunque bien lejos.
Apenas sí los puedo oír.
Pero puedo.

El interminable fondo boscoso
Donde nada acaba
Y todo sólo se hace notar entre cosas que todos sabemos.
Y hablamos de amarnos, aunque no tenemos idea.

El crecer sin freno.
Los limites sagradísimos.
Benditos ustedes, compañeros.
Todos valen, ya no peleen.

El momento.
El lugar.
El inocuo paradigma.
El imposible objeto.
El vago placer del movimiento
Con un contraste que habla de salvar lo insalvable
De jugar a que estamos vivos.

lunes, 7 de junio de 2010

entre París y Londres, la flauta que se extravía

Hoy me propuse alentar el panorama, abrocharme los zapatos, ponerme la capucha, y salir caminando en busca de esquinas escurridizas.

Un turista en mi propia ciudad.

No recuerdo cómo fue que llegó a mi conocimiento, pero la noche anterior me vi enfrascado en un halo de contemplación ubicuo a mi parecer, observando fotografías de este barrio que hace tiempo que estaba ahí, pero que yo, por torpe y sucio, mundano en exceso y lleno de nudos flojos, no había visto. El barrio París Londres, en pleno centro de Santiago, a un costado de la iglesia de San Francisco, a pasos del Santa Lucia y al margen del cielo.

No conozco Europa, pero esto es lo más cerca que me he encontrado. Y es por las calles de adoquines y los faroles gemelos que alumbran edificios de otro planeta, pero es también el gozo por una estética que, si bien puede resultar confusa, aburrida o redundante para algunos, es alguna estética a fin de cuentas. ¡Cuánta belleza hace falta en los bloques y pastos grisáceos de los que nos rodeamos! Parecería que después del siglo XIX todos se olvidaron de la importancia del goce visual, el bálsamo que debe recubrir nuestras experiencias diarias, que hacen gala de nuestra inmensa condición de humanos, que menospreciamos con cada día que pasa un poco más.

Hoy fue un gran día. Hoy pasee y leí tranquilo, me senté a tomar un café y camine lento. Muy lento. Tan lento que acabé todo lo que se debía acabar, y me sobró para alardear.

miércoles, 2 de junio de 2010

parques de otoño, cosas que olvido y se borran, la rejilla del micrófono

Son esos detalles que un día aparecen y ya. Te sorprenden.
Como que hoy olvidé el paraguas y me maldije, y después me encanté por lo despistado. Ser más natural. Vivir. Vivir, pero vivir acorde con lo que es vivo, ¿y qué es eso? Eso que late.
Shh. Quédate un segundo en silencio y ahí está. Detén un momento toda esa carrerilla, que el ruido de tanto engranaje moviéndose puede opacar las melodías más sutiles. Las que escapan a lo conocido, a lo rutinario. Las que, cuales hebras, se entrelazan entre los objetos como raíces, que son frágiles pero amoldables, imposibles de romper salvo si las dejamos secar. Las que están en la base del ovillo, los pilares de todo lo demás: del enredo en el que te transformas y del grácil abrigo que puede tejerte y con él arroparte. Detente, para un minuto a escuchar. Ahí están, esas hebras que sin articularse dicen mucho.

El parque bajo los faroles, en bufanda y chaqueta, a pasos ralentizados. Chocolate caliente, las notas, el canto, los cordones a medio abrochar, el diploma en la pared o el incierto de un jazz apasionado. ¿Qué es más real? ¿Eso que coloreamos con acuarela pensando que creábamos algo nuevo? ¿Nuevo? Pero si sólo seguíamos las lineas. El rojo aquí y un poco de amarillo allá, ponle la sonrisa y un nombre. Porque obvio, el rojo es tono atardecer y el amarillo es amarillo ocre, pero ninguno de los dos deja de ser lo mismo. ¿Nuevo? Qué importa si es nuevo. El desastre es nuestro, el cáos es original, es independiente -¡al carajo con lo nuevo!- lo que importa es lo auténtico. (Y aquí me empiezo a perder en palabreos) Claro que también pueden haber lineas. Habrán lineas. Pero que sean las menos, y así el blanco se las va a comer. El punto es leerlas al revés y al derecho, una y otra vez (porque una y otra vez son distintas) olvidarse y después mirarlas entremedio, lanzar las acuarelas al piso y pisotearlas, con agua en los zapatos y bailar . Bailar, bailar, bailar, y depronto ¿qué? Paf. Dibujaste el cielo.

Y ni te diste cuenta