¿Sabes? Nunca me compro ropa. Casi nunca puedo hacerlo, y cuando digo nunca, me refiero a una vez al año, dos como mucho. Sin embargo ayer partí embobado sin pensármelo dos veces al mall a gastar plata que no tenía para tener algo bueno que ponerme hoy, quería impresionarte. Pasé horas deliberando sobre si sería una buena idea, pero finalmente tomé el teléfono con las manos empapadas en sudor y te llamé para preguntarte si te parecía venir a mi casa hoy. Ya teníamos planeado hacer algo juntos, pero faltaba decidir dónde. Pensé que quizás si te mostraba mi pieza, mis artefactos y dibujos, luciendo un atuendo fresco y con el mejor estilo, podría mostrarme con soltura, mis empapadas manos se secarían y me dejarían tomar el momento con firmeza, te hablaría de mi mundo y verías tan claramente como yo la manera en que éste encaja con el tuyo. Hoy yo iba a enamorarte. Iba a hacerte reir, te iba a intrigar, luego te besaría y haríamos el amor para luego caer desarmados en un sueño compartido y silencioso. Habitaría tu aroma durante la penumbra entera y despertaría en el cielo que estos imaginarios roces inciertos vienen prometiendo. Contaba las horas para verte de nuevo, una por una, sintiendo la dulzura del menguar de la espera.
Nos subimos (¿o ese también fui solo yo?) en un péndulo que en su vaivén acariciaba el gozo que tiene lo incierto, la infinidad de posibilidades, dentro de las cuales yo escogí mi favorita: ambos escondidos buscando a ciegas algo en el otro, extasiados por la fricción que la frenética carrera de los dos producía al avanzar en paralelo y en direcciones opuestas a la vez. La maleabilidad de las palabras nutrió mi anhelo hasta convertirlo en algo tan poderoso. Tan poderoso como frágil se volvió mi envoltorio.
Y así como apareciste te desvaneciste de pronto. Como si los extraños símbolos de una lengua secreta se realinearan para dar cuenta de algo completamente distinto, mostrando en letras evidentes lo que antes los mismos símbolos negaban con la voz de un canto de cuna. ¿Qué haces ahí con ese ramo tan grande de flores? Nada, son para tí. ¿Para mi? Si, para tí. ¿Te gustan? No los entiendo, ¿quién te dijo que podías regalarme flores? Pensé que habías sido tú.
jueves, 5 de septiembre de 2013
#3
Hay que perder el miedo, dejarlo tirado en algún lugar. No lo necesitamos y nos estorba el andar.
miércoles, 4 de septiembre de 2013
(la esperanza de) la fatalidad
Tu nombre se va deslizando con calma entre mis cavidades, rodando por colinas serpenteantes, hasta llegar al suelo donde habito junto a la colección de mis descansos. Te cuelas tan discreta, tan traviesa, con tal transparencia te plantas al centro de mis imágenes que te fundes con todo lo demás. Pero al mismo tiempo te distingues del resto.
Portas tu luminosidad sin saberlo, ahuyentas males con tu aroma tranquilizante. Y yo, ajeno a tus anhelos, me desparramo sobre ideas confundidas, fundadas en atisbos errados o señales centelleantes, que me dicen que eres un ángel que ha venido a mi encuentro.
Y vienes a asesinarme.
sábado, 31 de agosto de 2013
#2
Estos días tan fríos me ahuyentan. Me siento bajo el péndulo a reflexionar, sabiendo sin embargo que no hay nada que yo pueda hacer para detener su terco impulso. Mas no pretendo que la inercia vuelva a instalarse, sólo evitar encontrarme demasiado expuesto ante este clima inclemente.
viernes, 30 de agosto de 2013
todo renacer debe de implicar un morir
Por un sinuoso y entrecortado camino. Hay un fantasma que solloza a mis espaldas y una princesa envenenada (¿envenenante?) tirando de un hilo que sale de mi ombligo. Hay luces y oscuridades de tonalidades interminables, sonidos que aúllan en silencio. Y de pronto me percato de que estoy solo.
lunes, 26 de septiembre de 2011
#1
Amo el aire cálido de primavera colándose como un manto por mi ventana, pasada la medianoche aún no hace frío. El invierno partió, y parió con su partida un nuevo corazón salpicador que late dentro como un tambor.
Vivo y vidente al fin y otra vez.
Cuántos meses de hibernante. Relator itinerante de las maravillas que sucedían, sin saber darme cuenta del lugar donde terminaba la punta de mis dedos, y empezaba a desplegarse la cordillera. Fusión en frío.
Nuevos aires y rayos traen nuevas oportunidades para que el reino vuelva a florecer, luego de una epoca marchita reiterante. Bendita seas, amiga brisa que traes polen para renacer.
lunes, 5 de septiembre de 2011
poema de estrecho horizonte
Saldremos al Día en la barca Solar del dios que nos aconseja
(Que) hablemos de cosas diáfanas, que seamos de fibras transparentes
Comunicantes callados, sin necesidad de hablar
Si es que somos tan frágiles como para rompernos con un estallido
¿Seguiremos siendo, entonces, en nuestra totalidad al amar con totalidad?
Seremos, quizá, como peones al borde de un tablero,
O un instante de llama que pronto se percata de ser instante.
Impotentes frente al inminente poder creador que nos envuelve de repente
No obstante infinitos frente a nuestra antigua piel
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